Digo que no puede decirse el amor
El amor se come como un pan,
se muerde como un labio,
se bebe como un manantial.
El amor se llora como a un muerto,
se goza como un disfraz.
El amor duele como un callo,
aturde como un panal,
y es sabroso como la uva de cera
y como la vida es mortal.
El amor no se dice con nada,
ni con palabras ni con callar.
Trata de decirlo el aire
y lo esta ensayando el mar.
Pero el amante lo tiene prendido,
untado en la sangre lunar,
y el amor es igual que una brasa
y una espiga de sal.
La mano de un manco lo puede tocar,
la lengua de un mudo, los ojos de un ciego,
decir y mirar.
El amor no tiene remedio
y sólo quiere jugar.
JAIME SABINES. YURIA (1967).
nohemypoesia.blogspot.com. Poemas, artículos y ensayos de la escritora Nohemí Sosa Reyna.
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lunes, 18 de enero de 2010
miércoles, 4 de noviembre de 2009
JAIME SABINES

TE PUSE UNA CABEZA
Te puse una cabeza sobre el hombro
y empezó a reír;
una bombilla eléctrica,
y se encendió.
Te puse una cebolla
y se arrimó un conejo.
Te puse mi mano
y estallaste.
Di cuatro golpes sobre tu puerta
a las doce de la noche
con el anillo lunar,
y me abrió la sábana que tiene cuerpo de mujer,
y entré a lo oscuro.
En el agua estabas como una serpiente
y tus ojos brillaban con el verde que le corresponde a
esas horas.
Entró el viento conmigo
y le subió la falda a la delicia, que se quedó inmóvil.
El reloj empezó a dar la una
de cuarto en cuarto, con una vela en la mano.
La araña abuelita tejía
y la novia del gato esperaba a su novio.
Afuera, Dios roncaba.
Y su vara de justicia, en manos del miedo ladrón
dirigía un vals en la orquesta.
Me soplaste en el ombligo
y me hinché y ascendí entre los ángeles.
Pero tuve tiempo de ponerme la camisita
y los zapatitos con que nos bautizaron.
Tú quedaste como un cigarro ardiendo en el suelo.
JAIME SABINES. Del libro Tarumba.
Imagen. Encuentro de Remedios Varo.
jueves, 30 de julio de 2009
JAIME SABINES

ME TIENES EN TUS MANOS
Me tienes en tus manos
y me lees lo mismo que un libro.
Sabes lo que yo ignoro
y me dices las cosas que no me digo.
Me aprendo en ti más que en mí mismo.
Eres como un milagro de todas horas,
como un dolor sin sitio.
Si no fueras mujer fueras mi amigo.
A veces quiero hablarte de mujeres
que a un lado tuyo persigo.
Eres como el perdón
y yo soy como tu hijo.
¡Qué buenos ojos tienes cuando estás conmigo!
¡Qué distante te haces y qué ausente
cuando a la soledad te sacrifico!
Dulce como tu nombre, como un higo,
me esperas en tu amor hasta que arribo.
Tú eres como mi casa,
eres como mi muerte, amor mío.
JAIME SABINES. Poesía, nuevo recuento de poemas. Joaquín Mortiz.SEP. Lecturas
Mexicanas No. 27. Segunda Serie. México.
jueves, 9 de abril de 2009
ADÁN Y EVA

I
- Estábamos en el paraíso. En el paraíso no ocurre nunca nada. No nos conocíamos. Eva
levántate.
- Tengo amor, sueño, hambre. ¿Amaneció?
- Es de día, pero aún hay estrellas. El sol viene de lejos hacia nosotros y empiezan a
galopar los árboles. Escucha.
- Yo quiero morder tu quijada. Ven. Estoy desnuda, macerada, y huelo a ti.
Adán se fue hacia ella y la tomó. Y parecía que los dos se habían metido en un río muy
ancho, y que jugaban con el agua hasta el cuello, y reían, mientras pequeños peces,
equívocados les mordían las piernas.
( Fragmento)
JAIME SABINES. Nuevo Recuento de Poemas. Ed. Joaquín Mortiz. México.
viernes, 20 de febrero de 2009
OTRA CARTA

De Jaime Sabines.
Siempre estás a mi lado y yo te lo agradezco
Cuando la cólera me muerde, o cuando estoy triste
- untado con el bálsamo de la tristeza como para morirme-
apareces, distante, intocable, junto a mí.
Me miras como a un niño y se me olvida todo
y ya sólo te quiero alegre, dolorosamente.
He pensado en la duración de Dios,
en la manteca y el azufre de la locura,
en todo lo que he podido mirar en mis breves días.
Tú eres como la leche del mundo.
Te conozco, estás siempre a mi lado más que yo mismo.
¿Qué puedo darte sino el cielo?
Recuerdo que los poetas han llamado a la luna con mil
nombres
- medalla, ojo de Dios, globo de plata,
moneda de miel, mujer, gota de aire-
pero la luna esta en el cielo y sólo es luna,
inagotable, milagrosa como tú.
Yo quiero llorar a veces furiosamente
por no sé qué, por algo,
porque no es posible poseerte, poseer nada,
dejar de estar solo.
Con la alegría que da hacer un poema,
o con la ternura que en las manos de los abuelos tiembla,
te aproximas a mí y me construyes
en la balanza de tus ojos,
en la fórmula mágica de tus manos.
Un médico me ha dicho que tengo el corazón de gota
- alargado como una gota- y yo le creo
porque me siento como una gruta
en que perpetuamente cae, se regenera y cae
perpetuamente.
Bendita entre todas las mujeres
tú, que no estorbas,
tú que estás en la mano como el bastón del ciego,
como el carro del paralítico.
Virgen aún para el que te posee,
desconocida siempre para el que te sabe,
¿qué puedo darte sino el infierno?
Desde el oleaje de tu pecho
en que naufraga lentamente mi rostro,
te miro a ti, hacia abajo, hasta la punta de tus pies
en que principia el mundo.
Piel de mujer te has puesto,
suavidad de mujer y húmedos órganos
en que penetro dulcemente, estatua derretida,
manos derrumbadas con que toca la fiebre que soy
y el caos que soy te preserva.
Mi muerte flota sobre ambos
y tú me extraes de ella como el agua de un pozo,
agua para la sed de Dios que soy entonces,
agua para el incendio de Dios que alimento.
Cuando la hora vacía sobreviene
sabes pasar tus dedos como un ungüento,
posarlos en los ojos emplumados,
reír con la yema de tus dedos.
¿Qué puedo darte ya sino la tierra?
Sembrado en el estiércol de los días
miro crecer mi amor, como los árboles
a que nadie ha trepado y cuya sombra
seca la yerba, y da sombra al hombre.
(fragmento)
JAIME SABINES. Nuevo recuento de poemas. Ed. Joaquín Mortiz.
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